Relatos de sexo, relatos eróticos.

La rockera se desnuda por primera vez
Gatita posa con tetas de pera y espuma
Orgia bestial donde todos quieren follar
Fumando espera ser follada por el culo
La secretaria folla en las horas extra
La puta de azul con tacones altos
Chupa todas mangueras que puede
La cortadora de madera se desnuda
Lesbianas con fisting lesbico toda la mano
Sado gotica pajea a un gay
En pelotas en la laguna
En la ducha los novias haciendo sexo
Rubia con coletas penetrada por dildo
La japonesa lo tiene peludo y caliente
Las negras se lo saben montar solas
Juego cachondo de la memoria
Juego de follarse a Eva
Juego Invasoras desnudas
Juego del Chico Pija
Juego sexo en el parque
Juego la carrera del esperma
Juego tiro con condón
Juego de las parejas
Juego más que amigos
Juego de desnudar
Juego de las chapas
Juego de manos

Cuando una polla conoce a Lucy

Se llama Billy Baressi. El bueno de Billy es detective privado en una gran ciudad, en una ciudad donde la única diferencia entre las putas y las modelos de pasarela es el bidé.
Le llaman “El tres pistolas”. No porque lleve tres armas sino porque solo lleva dos. El apodo se debe a que el tamaño de su polla es tan gigantesco que parece un fusil de repetición.

El apodo se lo puso una fulana que conoció en el Clapton, un burdel de mala muerte donde Billy acude cuando le van mal dadas. Cuando no le importan los tiros y los gritos en el pasillo.

Una madrugada, me dijo: Chico, lo bueno del Clapton es que apre...

Follada en la discoteca

Iba bastante borracho cuando apareció. Entro por la puerta y aquel perfume barato nos la empalmó a todos. Aquellos senos pedían la libertad condicional, y su boca, maldita sea, pedía a gritos una felación. Todos los borrachos (como yo) la rodearon. Serán imbéciles. No saben que para follar no basta con una media sonrisa y gomina, sino que además, lo que ellas quieren, es que el barman no las mire de forma sospechosa a la hora de pedir una copa. Así, que me acerqué a ella y le puse un billete de 50 euros entre el tanga y la minifalda y sutilmente le susurré al oído:


— Si quieres más, acércate a la barra. <...

De tetas y zapatos

En su mirada eyaculaba un sacerdote. En sus piernas, se relamían las medias. Y yo con ellas. Era cliente habitual. Venia mucho por la zapatería a arreglar múltiples zapatos de tacón. Me la imaginaba semidesnuda vistiéndose. Primero el tanga, subiéndose hasta rozarle. Luego el sujetador, encajado con mimo ante el espejo. Y luego los zapatos de tacón. Primero un pie, luego el otro, realzando su fina silueta.

Se acercó.

- Las plantillas, otra vez. No me duran nada.

- Mejor, yo también tengo que comer, acerté a balbucear aunque no le hizo gracia mi comentario.

- ¿P...

La profesora sustituta es puta o prostituta

4.5. Suspenso. Puta, puta y mil veces puta. La muy perra me había suspendido. Ahora me tendré que pasar todo el verano estudiando.

Sonó el timbre y enfadado me levanté de mi silla dirección al pasillo.

-No se vaya, venga a mi despacho. Quiero comentar con usted el examen, me dijo gritando desde su mesa.

Fenomenal, se quería regocijar de mi miseria.

Fui a su despacho, piqué a la puerta pero no había nadie. Esperé sentado en el suelo. Pasaron unos minutos. La vi llegar. Llevaba minifalda y una blusa blanca muy ceñida al cuerpo. Los tacones machacaban el suelo. La muy golfa estaba buena. ...

Buscando en el bolsillo, diste con mi polla, no con los cigarrillos

Fue en aquella discoteca. Estaba cerca de mi casa e íbamos a celebrar el cumpleaños de Martín, un amigo de la infancia. Hicimos bastante cola al entrar. Una vez dentro, mis amigos se dirigieron al guardarropa. Yo, sin embargo, había pasado tanto frío en la puerta que decidí dejarme la chaqueta puesta un rato más. Fuimos a la barra y pedí un whisky con limón.

Fue girarme y mis amigos ya estaban intentando ligar con tres chicas que acababan de conocer. Eran tres para tres, otra vez me había dejado fuera. Encendí un cigarrillo. De pronto se me acercó una chica morena, con larga melena y finos labios. Los ojos verdes parec...

Examen oral y te la meto por el ojal

No llevaba ni cinco minutos en su casa y la muy puta ya me la estaba chupando. Joder la técnica con la que lo hacía. Había ido a su casa para prestarle unos apuntes, pero ella tenía tanta prisa por examinarse que me hizo un examen oral.

Estaba de rodillas ante mí, sin sujetador, dejando al aire unas tetas maravillosas.

Su tanga, estaba enfundada en un tanga tirachinas de color azul que se le metía hasta dentro. Seguro que disfrutaba la muy guarra.

Le aparté la cara de mi manubrio y le dije que mi amiguito debía esconderse en ese culito que Dios le ha dado.

-Vamos nena, ponte a cuatro pat...

En la soledad del armario, veo follar a universitarios

Todo había salido bien hasta entonces. Fue bajar del avión, y a mi mujer, con la que me había casado pocas horas antes, le empezaron las nauseas y los mareos.

La dejé en la habitación del hotel, acostada en la cama, cuando me dijo:

-Sal a dar una vuelta. Disfruta de la luna de miel.

Me marché. Me había hecho a la idea de pasar una noche de sexo desenfrenado con mi mujer y ahora me encontraba deambulando por una ciudad desconocida.

Entré en el primer bar que encontré. Me pedí una cerveza. Era un bar de jóvenes universitarios .Lo adiviné por la música y porque en cinco minutos ya me h...

Después del trabajo, a follar a destajo

Aquella noche llovía a cántaros. Salí de la fábrica a las 21.00 de la noche, cuando acabé mi turno. Desde que comencé mi jornada, no había podido retirar mi vista del escote de Jessica. Aquella morena me traía loco. Aquellos pechos morenos y bien apretados se mostraban cada vez que Jessica, que trabajaba como limpiadora en la fábrica, se agachaba a por algo. Me la imaginaba en ese misma posición pero chupándomela lentamente. Aquella fantasía me rondaba la cabeza y me servía de distracción. Conducía mi coche cuando me paré en el primer semáforo. Giré mi cabeza hacia la derecha y sentada en la parada del autobús allí estaba ...

Chupándome la polla, la película premio Goya

Me había obligado un amigo a quedar con ella. Cuando la fui a recoger a su casa y la vi, me pregunté cómo mi amigo la pudo llegar a conocer. Me lo podía imaginar.

Era morena, alta, de ojos verdes, y en su torso crecía un voluminoso pecho que a duras penas le permitía abrocharse la camisa que llevaba.

Deduje de mis breves conocimientos en lencería femenina que lucía una talla 105 de sujetador; además también conseguí adivinar que tras esos pantalones negros de cintura baja se asomaba un diminuto tanga rojo que hacía que su culo fuese especialmente tallado para la ocasión. Disimulé mi erección con el peri...

Estos relatos se publican bajo licencia Creative Commons.


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