Se llama Billy Baressi. El bueno de Billy es detective privado en una gran ciudad, en una ciudad donde la única diferencia entre las putas y las modelos de pasarela es el bidé.
Le llaman “El tres pistolas”. No porque lleve tres armas sino porque solo lleva dos. El apodo se debe a que el tamaño de su polla es tan gigantesco que parece un fusil de repetición.
El apodo se lo puso una fulana que conoció en el Clapton, un burdel de mala muerte donde Billy acude cuando le van mal dadas. Cuando no le importan los tiros y los gritos en el pasillo.
Una madrugada, me dijo: Chico, lo bueno del Clapton es que aprendes a ver la vida como lo que es: una mezcla de piel, mentiras y alcohol.
Billy Baressi solía follar con la misma puta. Una morena espectacular llamada Lucy, bastante golfa en la cama, que además tenía conversación. Billy era un tipo raro; necesitaba hablar antes de follar, hablar antes de que su tremendo rabo atravesara a una mujer.
Empezó a contármelo:
Lo que mas me gusta de Lucy es ver como menea su hermoso culo delante mío, justo antes de cuando la voy a penetrar. En ese momento me creo Dios.
Soy un romántico, y me gusta desnudarla a mi antojo. Primero le quito los zapatos y así puedo ver sus uñas pintadas de rojo puta.
Luego, la camisa. Botón a botón, voy descubriendo sus pechos, unas tetas grandes que hacía que mi polla viera el cielo.
Tras arrastrar la minifalda por sus piernas se queda en tanga. Y ahí paro.
Me gusta follármela apartando el tanga de su coño y de su culo. Me pone. Me la suelo follar a cuatro patas. Cuando empiezo, no puedo parar. Su coño me vuelve loco. Me gusta empujar, sacármela y volver a introducírsela con furia. Sé que le gusta. Luego cambio a su culo. Solo se la meto por el culo a ella. Mi polla no se puede permitir el gusto de dejarlo escapar. Tras esto, se mete mi polla en pleno estado de éxtasis en la boca. La tendrías que ver como la chupa. La lame, la saborea. No le cabe toda en la boca. Juguetea con ella, se da golpecitos con ella en los dientes. Y se la vuelve a meter en la boca. En ese momento, veo la luz. Comienza a chuparla con fuerza, la agita y ella empieza a gemir. Me la agarra con fuerza, me manosea los huevos. Sigue chupando hasta que me corro.
Me corro. Me corro. Me corro….
Me levanté, le di un cachete en el culo. Y la miré. Semejante cuerpo solo podía conocer mi pollón. Que rabos de tres al cuarto se la follaran me enfurecía.
-Lucy, recoge tus cosas, te vienes conmigo.
Autor: Poeta de guardia - Publicado: 2007-09-30 15:11:28
