Me había obligado un amigo a quedar con ella. Cuando la fui a recoger a su casa y la vi, me pregunté cómo mi amigo la pudo llegar a conocer. Me lo podía imaginar.
Era morena, alta, de ojos verdes, y en su torso crecía un voluminoso pecho que a duras penas le permitía abrocharse la camisa que llevaba.
Deduje de mis breves conocimientos en lencería femenina que lucía una talla 105 de sujetador; además también conseguí adivinar que tras esos pantalones negros de cintura baja se asomaba un diminuto tanga rojo que hacía que su culo fuese especialmente tallado para la ocasión. Disimulé mi erección con el periódico que siempre suelo llevar y acercándome a ella me presenté.
Acordamos ir un cine cercano a su casa dónde estrenaban una película española. Compré un par de entradas y un refresco para mí (tenía la boca seca) y entramos en la sala. Estaba ya a oscuras y desfilaban en la pantalla anuncios de próximos estrenos.
Iba delante de mí. Movía aquel culo de forma espectacular lo cual unido a los tacones que llevaba provocaba la envidia de todos los espectadores y la lujuria más apasionada en mí.
¿Me das un poco de Coca-Cola? Dijo.
Cuando le iba contestar ya había cogido la botella con su mano. Llevaba las uñas pintadas de rojo. Acercó su botella a la boca y con sus carnosos labios pintados también de rojo abrazó el cuello de la botella como si fuera a comérsela.
Aquello me excitó aún más. Entonces ella me dijo:
¿Sabes lo que más me apetece después de beber? Una buena polla.
Rápidamente me fue desabrochando uno por uno los botones de mis pantalones y fue palpando con sus manos mi polla erecta. Se agachó y me la lamió.
Se la introdujo entera en su boca y comenzó a subir y bajar despacio. Una tía cañón me la estaba chupando en medio de un cine. Los destellos de la película, ya empezada, me permitieron ver su cara. Mientras me la comía me miraba con esos ojos verdes de leona en celo. Me guiñó un ojo. Se la sacó de la boca y comenzó a saborear el inicio de mi bello órgano viril. Parecía que estuviese lamiendo un enorme helado.
Entonces puse mi mano sobre su cabeza. Gimió. Le gustaba verse dominada por mi. Volvió a introducirse mi boca en su boca. Yo la tenía roja de placer.
Con la lengua me acariciaba el glande. Me acariciaba los testículos con su mano izquierda mientras la derecha la encimaba sobre mi pecho. Aproveche la ocasión para disfrutar con aquel culito. Lo acariciaba entero. Lo tocaba. Ella mientras seguía chupándomela como nunca nadie lo había hecho.
De pronto paró y susurrando con voz tenue me dijo:
- No te lo pienses y córrete en mi boca.
Aquello no hizo sino ponerme más cachondo y como la experiencia es un grado fui adivinando que el momento de gloria se cercaba. Parece que ella lo notó porque aceleró más y más el ritmo de la mamada.
Seguía chupándomela y entonces me corrí en su boca siguiendo sus instrucciones. Seguía lamiéndomela. Cerré los ojos de placer. Cuando los abrí ya no estaba. No la encontraba a mi lado. Daba lo mismo. Me había dado lo que necesitaba. Bebí un poco de Coca-Cola y me puse a ver la película.
Autor: Poeta de guardia - Publicado: 2006-10-09 11:41:01
