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Archivo de la categoria 'Relatos'

Dic 09 2009

Chupándome la polla, la película premio Goya

 

Me había obligado un amigo a quedar con ella. Cuando la fui a recoger a su casa y la vi, me pregunté cómo mi amigo la pudo llegar a conocer. Me lo podía imaginar.

Era morena, alta, de ojos verdes, y en su torso crecía un voluminoso pecho que a duras penas le permitía abrocharse la camisa que llevaba.

sexo_goyaDeduje de mis breves conocimientos en lencería femenina que lucía una talla 105 de sujetador; además también conseguí adivinar que tras esos pantalones negros de cintura baja se asomaba un diminuto tanga rojo que hacía que su culo fuese especialmente tallado para la ocasión. Disimulé mi erección con el periódico que siempre suelo llevar y acercándome a ella me presenté.

Acordamos ir un cine cercano a su casa dónde estrenaban una película española. Compré un par de entradas y un refresco para mí (tenía la boca seca) y entramos en la sala. Estaba ya a oscuras y desfilaban en la pantalla anuncios de próximos estrenos.

Iba delante de mí. Movía aquel culo de forma espectacular lo cual unido a los tacones que llevaba provocaba la envidia de todos los espectadores y la lujuria más apasionada en mí.

¿Me das un poco de Coca-Cola? Dijo.

Cuando le iba contestar ya había cogido la botella con su mano. Llevaba las uñas pintadas de rojo. Acercó su botella a la boca y con sus carnosos labios pintados también de rojo abrazó el cuello de la botella como si fuera a comérsela.

Aquello me excitó aún más. Entonces ella me dijo:

¿Sabes lo que más me apetece después de beber? Una buena polla.

Rápidamente me fue desabrochando uno por uno los botones de mis pantalones y fue palpando con sus manos mi polla erecta. Se agachó y me la lamió.

Se la introdujo entera en su boca y comenzó a subir y bajar despacio. Una tía cañón me la estaba chupando en medio de un cine. Los destellos de la película, ya empezada, me permitieron ver su cara. Mientras me la comía me miraba con esos ojos verdes de leona en celo. Me guiñó un ojo. Se la sacó de la boca y comenzó a saborear el inicio de mi bello órgano viril. Parecía que estuviese lamiendo un enorme helado.

Entonces puse mi mano sobre su cabeza. Gimió. Le gustaba verse dominada por mi. Volvió a introducirse mi boca en su boca. Yo la tenía roja de placer.

Con la lengua me acariciaba el glande. Me acariciaba los testículos con su mano izquierda mientras la derecha la encimaba sobre mi pecho. Aproveche la ocasión para disfrutar con aquel culito. Lo acariciaba entero. Lo tocaba. Ella mientras seguía chupándomela como nunca nadie lo había hecho.

De pronto paró y susurrando con voz tenue me dijo:

- No te lo pienses y córrete en mi boca.

Aquello no hizo sino ponerme más cachondo y como la experiencia es un grado fui adivinando que el momento de gloria se cercaba. Parece que ella lo notó porque aceleró más y más el ritmo de la mamada.

Seguía chupándomela y entonces me corrí en su boca siguiendo sus instrucciones. Seguía lamiéndomela. Cerré los ojos de placer. Cuando los abrí ya no estaba. No la encontraba a mi lado. Daba lo mismo. Me había dado lo que necesitaba. Bebí un poco de Coca-Cola y me puse a ver la película.

Dic 09 2009

Después del trabajo, a follar a destajo

 

Aquella noche llovía a cántaros. Salí de la fábrica a las 21.00 de la noche, cuando acabé mi turno. Desde que comencé mi jornada, no había podido retirar mi vista del escote de Jessica. Aquella morena me traía loco. Aquellos pechos morenos y bien apretados se mostraban cada vez que Jessica, que trabajaba como limpiadora en la fábrica, se agachaba a por algo. Me la imaginaba en ese misma posición pero chupándomela lentamente. Aquella fantasía me rondaba la cabeza y me servía de distracción. Conducía mi coche cuando me paré en el primer semáforo. Giré mi cabeza hacia la derecha y sentada en la parada del autobús allí estaba Jessica.
trabajo_destajoEmpapada. Con la mirada perdida.

Es mi oportunidad me dije. Baje mi ventanilla y le dije gritando:

-No pasarán más autobuses hoy. Llueve demasiado. Sube.

Se lo pensó un par de segundos y entró en el coche. Mientras se sentaba me dijo:
Gracias. Déjame donde puedas.

No te preocupes, te llevaré a casa. Gracias de nuevo.

Llevaba la camiseta tan mojada que se le marcaban los pezones. Eran enormes y me
imaginaba chupándolos mientras ella gemía de placer.

Compaginaba mi conducción con la panorámica de sus tetas que en tantas ocasiones
fueron objeto de autoplacer constante. Puse la radio. Narraban un partido
de fútbol.

De pronto,
soltó enfadada:

-Deja de mirarme
las tetas, ¡¡¡coño!!!

-Perdón, solté
casi de forma infantil. Me había pillado la muy puta.

-Pero tú,
tú déjame de mirarme el paquete. Le dije. Era mentira. No me había
dado cuenta de si me lo miraba o no. Pero sonaba a excusa.

-Perdóname.
Dijo asustada.

Joder. Le dije lo del paquete para ver si colaba pero era verdad, la guarra que limpia en la fábrica me miraba la polla, en constante erección por cierto
cuando estaba cerca.

Llegamos a su casa tras algunas indicaciones suyas. Fue a coger el bolso que al
entrar dejó en el asiento trasero cuando al girarse la agarré de la
nuca y la besé con fuerza. Casi sin respirar le dije:

Me pones a mil. La volví a besar. No reaccionaba. La volví a besar. Entonces ella dijo:

Cállate cabrón, y fóllame de una puta vez.

Corrí su asiento para atrás así como el respaldo y me puse encima. Su boca caliente
me excitaba aún más. Ella me iba desabrochando la camisa y continuó
por los pantalones. Le arranqué el TOP. No llevaba sujetador. Mejor.
Agaché mi cabeza hacia sus duros pechos y comencé a besarlos con fuerza.
Levanté la mirada. Y ahí estaban. Esos pezones eran míos. Sólo míos.
Ella gritó. Los chupaba. Y eso le encantaba.

Cuando yo ya estaba desnudo le quité a ella el pantalón ajustado que llevaba y
unas minúsculas braguitas bajaron con él.

Se la metí.
Fue espectacular. Ella gimió suavemente. Más. Quiero más.
Me dijo.

La segunda
estocada iba con más fuerza. El grito de satisfacción de ella, también.
Mientras ella me lamía la cara con su lengua, se movía, tanto que
sus tetas, sus soñadas tetas bailaban descosidas ante mí. Gritaba
cada vez más fuerte. Y yo me moría de placer. Seguía metiéndole
mi polla con más fuerza. Hasta el fondo me susurraba ella.
Métemela toda hasta el fondo. Habíamos llegado al éxtasis

Los cristales
hacía rato que se habían empañado. Yo la besaba. La besaba con fuerza.
Soñé siempre con follármela. Y ahora me la estaba follando a placer.
Con mis manos tocaba sus caderas con ánimo de ser su propietario aunque
fuera sólo por unas horas.

Y de pronto
la radio gritó ¡¡¡¡ gooool!!! Y yo también.

Dic 09 2009

En la soledad del armario, veo follar a universitarios

 

Todo había salido bien hasta entonces. Fue bajar del avión, y a mi mujer, con la que me había casado pocas horas antes, le empezaron las nauseas y los mareos.

La dejé en la habitación del hotel, acostada en la cama, cuando me dijo:

folladas_universitario-Sal a dar una vuelta. Disfruta de la luna de miel.

Me marché. Me había hecho a la idea de pasar una noche de sexo desenfrenado con mi mujer y ahora me encontraba deambulando por una ciudad desconocida.

Entré en el primer bar que encontré. Me pedí una cerveza. Era un bar de jóvenes universitarios .Lo adiviné por la música y porque en cinco minutos ya me habían pedido 4 cigarrillos. Estaba a punto de terminar mi cerveza cuando una pareja joven se sentó junto a mí.

Ella era morena, bajita y con cara angelical. El, alto y moreno. Se pidieron un par de cubatas y comenzaron a hablarse al oído. Escuché lo que se decían.

-Vamos a pasar un buen rato. Pienso quitarte toda la ropa lentamente. Y luego besarte todo el cuerpo.

-Ella le contestaba: ¿Ah si? ¿Y que más? ¿Me harás tuya esta noche? ¿Me harás el amor hasta la madrugada?

En ese momento subieron la música. No pude escuchar más lo cual provocó también que la pareja dejara de hablar. Sin pensárselo se marcharon. Pagué y les seguí.

Se paraban en cada farola para besarse. Besos intensos. El aprovechaba para tocarle el culo. Ella también se lo tocaba. Se dijeron algo al oído y se dirigieron a mi hotel.

Al entrar, el recepcionista les dio una llave y subieron por el ascensor. Esperé en la planta baja y deduje que se habían parado en la cuarta planta. Subí por las escaleras sin hacer ruido para no levantar sospechas. En el rellano les vi.

Andaban por el pasillo desnudándose. Ella iba en sujetador que parecía tres o cuatro tallas más pequeño porque le apretaba los pechos. Así estaba más buena la muy zorra. Se le cayó la llave al suelo y al agacharse le vi todo el tanga. Negro. Espectacular.

Aquella chica había ganaba a medida que se quitaba la ropa.

Entraron en la habitación besándose y magreándose. No se acordaron de cerrar la puerta. Me colé tras ellos y mientras se comían en un rincón me metí en el armario.

Mientras me acomodaba abrí un poco la puerta del armario para ver la función. El muchacho tenía prisa porque ya estaba desnudo. Su polla erecta rozaba su chochito queriendo penetrar.

Ella todavía llevaba puesto el tanga y el sujetador. El se giró y con la boca se lo desabrochó. Joder. Vaya tetas. Lo escondida que las tenía. Eran perfectas. Redonditas con el pezón, pequeño, justo en medio. El las vio y las comenzó a chupar, lamer y besar. No era tonto el amigo. Dirigió sus manos al culo. Apretó las nalgas con fuerza. Las manos de ella comenzaron a tocar su polla y empezó a menearla con fuerza. Arriba y abajo. Con fuerza.

De pronto, él la empujó hacia la cama y se tiró sobre ella.

-¡Que grande la tienes! Exclamó ella.

El comenzó a besarla por todo el cuerpo. Empezó por los pies e iba subiendo lentamente. Combinaba suaves besos con profundos lametones uno de los cuales se hizo casi eterno cuando llegó a su coño. Ella estaba roja. Tal vez de placer.

Cuando se sintió correspondida apartó su cara y violentamente le dio la vuelta. Ahora ella estaba encima. Se besaban. Ella le besaba la mejilla, luego la garganta, el pecho, el pubis y por fin la joya de la corona. Se metió la polla en la boca. Parecía que se la iba a comer de golpe. Entonces él dijo: -Chúpamela toda, zorra.

Joder como se las gastan los universitarios de hoy en día.

Tras unas cuantas chupadas ella paró. Se sentó encima de él y escondió su polla en el coño. Ahora mandaba ella. Ella comenzaba a saltar. El, mientras, la sujetaba con ambas manos por la cintura. Ella miraba hacia el techo y sus manos se posaban en el pecho de él.

– Te gusta eh perro, gritó ella. A el le encantaba ver como su polla chocaba con su coño una y otra vez, fuertemente. Ella subía y bajaba y el chasquido que hacían era una prefecta banda sonora.

Se movían cada vez más rápido. Ella jadeaba y el se moría de gusto. Entonces, él, puso sus manos sobre las tetas y mientras botaban, las agarraba como queriendo cazarlas.

Cambiaron de postura y ella volvía a chupársela y a pajear la polla con la mano. Mientras, él, le acariciaba el coño e introducía su anular en su húmeda cuevecita.

Ella se corrió. Al momento, él se corrió en su cara. Eso le gustó porque saboreaba el semen que le había caído sobre sus labios. Además le lamía la polla suavemente.

Al rato, ambos se durmieron.

Salí del armario y pisé su tanga. Lo cogí y me lo metí en el bolsillo. Era un recuerdo, un souvenir de mi visita a aquella habitación. Si mi mujer seguía enferma, me temo que haría más de una.

Dic 09 2009

Examen oral y te la meto por el ojal

 

No llevaba ni cinco minutos en su casa y la muy puta ya me la estaba chupando. Joder la técnica con la que lo hacía. Había ido a su casa para prestarle unos apuntes, pero ella tenía tanta prisa por examinarse que me hizo un examen oral.

Estaba de rodillas ante mí, sin sujetador, dejando al aire unas tetas maravillosas.

examen_oralSu tanga, estaba enfundada en un tanga tirachinas de color azul que se le metía hasta dentro. Seguro que disfrutaba la muy guarra.

Le aparté la cara de mi manubrio y le dije que mi amiguito debía esconderse en ese culito que Dios le ha dado.

-Vamos nena, ponte a cuatro patas, que voy a hacer la entrada triunfal.

Con mi primera embestida gimió de una manera exagerada que me hizo ponerme más cachondo. La segunda. ¡Toma! Era perfecta. Aquel culito era sólo para mí.

La sensación de dominio que tenía sobre aquella compañera de clase, con la que todos mis amigos se pajeaban, era mía sólo por un rato. Tercera enculada. Sensacional.

La muy guarra se movía que daba gusto mientras le penetraba. Lo se porque se giraba constantemente.

Otra envestida.

-¡Te gusta eh! Maldita perra.

Yo me apoyaba en el respaldo del sofá y ella mordía el cojín. Aceleré el ritmo. Quería terminar pronto porque tenía cosas que hacer. Aunque me gustaba. Y a ella también.

Cambiamos de postura.

Me senté en el sofá y ella de espaldas se puso encima mío previa penetración de mi polla en su chochito. Comenzó a subir y a bajar como una loca. Gritaba más y más fuerte. Yo le manoseaba las tetas con las dos manos. Ella me ponía las manos en la espalda y no me soltaba.

Me iba a correr. Pero ella, se levantó y me la comenzó a chupar casi con ira, me chupaba el glande, luego los huevos, también la base de la polla todo ello mirándome desde su posición. Me corrí en su cara.

-¿Pero que haces? ¿Quien coño te has creído que eres? Hijo de puta ¿De que vas?

Me temo que no le gustó que manifestara mi excitación de esa manera, corriéndome en su cara. Que se joda.

-Que asco. Seguía diciendo.

Se fue al baño y yo mientras me limpiaba la polla en una manta que tenía cerca, cogí mis apuntes y me fui. No es manera de tratar a los que te ayudan.

Dic 09 2009

Buscando en el bolsillo, diste con mi polla, no con los cigarrillos

 

Fue en aquella discoteca. Estaba cerca de mi casa e íbamos a celebrar el cumpleaños de Martín, un amigo de la infancia. Hicimos bastante cola al entrar. Una vez dentro, mis amigos se dirigieron al guardarropa. Yo, sin embargo, había pasado tanto frío en la puerta que decidí dejarme la chaqueta puesta un rato más. Fuimos a la barra y pedí un whisky con limón.

polla_cigarrillosFue girarme y mis amigos ya estaban intentando ligar con tres chicas que acababan de conocer. Eran tres para tres, otra vez me había dejado fuera. Encendí un cigarrillo. De pronto se me acercó una chica morena, con larga melena y finos labios. Los ojos verdes parecían los de una gata en celo.

-¿Perdona, tienes fuego? Me preguntó. Vocalizó todas las letras exageradamente, abriendo mucho la boca, mientras sostenía un cigarrillo entre sus delicados dedos.

-Espera. Sostenme la copa un momento. Le dije. Iba buscando, nervioso, el paquete de cigarrillos de entre los bolsillos de mi chaqueta. No lo encontraba. Ella bebió un trago.

Como no encuentre pronto el paquete se va a beber todo el whisky. Pensé. Joder, dónde coño lo había puesto.

Entonces ella, dejó el cubata en la barra, y su mano, su rosada mano con las uñas celosamente limadas con la manicura francesa, se iba acercando hacia mi bolsillo.

Aquel momento me pareció eterno. No se lo que hacía. Qué pretendía.

Su mano recorrió parte del pantalón y penetró en mi bolsillo. Temí que comprobara de primera mano, y nunca mejor dicho, mi erección nacida desde el momento en que vi combinar su boca al unísono con su lengua.

-Ah!!! Exclamé. Me había tocado la polla. Joder, qué vergüenza.

-Mmm… gimió ella. Me temo que éste no es el paquete que buscaba. Pero no te preocupes, déjate llevar

Agarró mi chaqueta y la puso delante de mí. Entonces, delicadamente, fue sacando su mano de mi bolsillo y uno a uno, fue desabrochando los botones de mi pantalón.

Me quedé sin habla. Cuando acabó, su mano frotó mi miembro poco a poco, pausadamente. Estaba excitado. Una tía que acababa de conocer estaba magreándome el paquete.

El abrigo nos servía de trinchera para que nadie nos viese. Sonreí.

Entonces, de pronto, ella bajó ligeramente mi calzoncillo, y su mano desnuda toco mi polla. Estaba caliente. Muy caliente. Tras tocármela un rato como si estuviera jugando con un soldadito comenzó a cascarme una paja de infarto. Parece que lo hiciera todos los días la muy puta. Subía y bajaba, subía y bajaba. Era espectacular. La apretaba fuerte, como si quisiese arrancármela. Me pajeaba fuerte. Cada vez más rápido. Y yo cada vez gozaba más. No te corras, no te corras me dije a mi mismo. Fue cuando ella puso su mano sobre mi culo y apretó con garra. Introdujo la mano en mi bolsillo posterior y haciendo fuerza, me empujaba hacia ella. Mandaba ella. Y quería hacérmelo saber.

Seguía masturbándome en medio de la discoteca, y nadie se daba cuenta, nadie sospechaba nada.

Estaba cada vez más y más excitado. Comencé a ver doble, a ver estrellitas de colores en medio de la sala. Parecía extasiado. Me pasaba siempre que me iba a correr. Y aquello no fue una excepción. Me corrí. Su mano, allá en los bajos fondos, se manchó toda. Sin embargo, me pareció que jugaba con mi semen. De pronto, un hombre de altura descomunal y en cuyos brazos crecía el acero, dijo enfadado.

-¡Nuria! ¿Donde estabas? Mi “amiga” se giró. Venga cariño que nos van a invitar aun chupito, dijo él.

-Ya voy, soltó ella. Es que éste gilipollas no encuentra el paquete de cigarrillos.

-OH si perdón, lo busqué torpemente y esta vez sí lo encontré. Le di un cigarro.

Se marchó. De pronto vinieron mis amigos diciendo:

-Me cago en la puta, estas mujeres son todas unas calientapollas. Toda la noche con una para nada.

Entonces, yo, les pregunté:

- ¿No fumáis verdad?

Dic 09 2009

La profesora sustituta es una puta

 

4.5. Suspenso. Puta, puta y mil veces puta. La muy perra me había suspendido. Ahora me tendré que pasar todo el verano estudiando.

Sonó el timbre y enfadado me levanté de mi silla dirección al pasillo.

-No se vaya, venga a mi despacho. Quiero comentar con usted el examen, me dijo gritando desde su mesa.

Fenomenal, se quería regocijar de mi miseria.
profe_puta
Fui a su despacho, piqué a la puerta pero no había nadie. Esperé sentado en el suelo. Pasaron unos minutos. La vi llegar. Llevaba minifalda y una blusa blanca muy ceñida al cuerpo. Los tacones machacaban el suelo. La muy golfa estaba buena. Todo lo que tenía de atractiva lo tenía de estúpida.

-Levántese del suelo, parece un mendigo. Pase.

Una vez dentro me dijo que el examen era muy flojo y que le sorprendía mi rendimiento. Chorradas para cubrir su conciencia. Sin embargo hubo algo que dijo que me hizo cambiar drásticamente la opinión.

-… Sin embargo, hay un método que le valdría para aprobar su examen.

Poco a poco se fue acercando y me fue quitando la chaqueta.

Me besó fuertemente. Yo le metí la lengua. Había que aprovechar. Le toqué el culo con mi mano y lo manosee.

-No eres tonto eh, me dijo.

Corrió hacia la puerta y cerró con llave y apoyándose en el marco se fue quitando lentamente la ropa. Uno a uno, los botones de la camisa se fueron desabrochando para que yo, iluso de mi, viera unas tetitas bien puestas, como dos flanes, pequeños y temblorosos.

Continuó con su falda. Abajo. Se dejó los tacones puestos y contoneando su cadera se acercó hacia mí y me agarró el paquete. Era maestra también en esto.

Yo tenía el portaminas cargado. Me bajó los pantalones y me la empezó a chupar. Chupaba la polla con el mismo malhumor con el que impartía la clase lo que me daba más morbo.

-Ven aquí, hoy te voy a enseñar yo, le dije en un arrebato de masculinidad.

La agarré del pelo y cuando la tuve a mi altura le bajé las bragas y se la enchufé. ¡Toma! Esta por suspenderme. Esta otra por perra. ¡Toma zorra! Toma, toma y toma. Le gustaba. Le gustaba que le metiera mi tiza en su húmeda pizarrita.

-¿Te gusta, verdad, te gusta? Insistí.

Seguí metiéndosela fuertemente. Cuando la sacaba para embestir de nuevo, me ví mi polla. Estaba roja como un tomate.

-Qué como te lo estás pasando ahí dentro, pequeña compañera de viaje, le susurré a mi verga.

El ritmo era frenético. Me correría en breve. No tenía tanta práctica como para durar más. Me corrí. Jódete. Nos quedamos inmóviles un par de rato. Cuando me repuse, se la saqué.

-Ahhh, exclamó. Tienes un 8. Un notable.

Me subí el pantalón, y mientras, ella, escribía con mala letra en un papel. Me lo extendió. Lo agarré con mala gana y salí de su despacho.

En la puerta lo abrí: Por error de corrección su nota es de 8. Notable. Entréguelo en secretaría.

Puta, puta y mil veces puta.

Dic 09 2009

De tetas y zapatos

 

En su mirada eyaculaba un sacerdote. En sus piernas, se relamían las medias. Y yo con ellas. Era cliente habitual. Venia mucho por la zapatería a arreglar múltiples zapatos de tacón. Me la imaginaba semidesnuda vistiéndose. Primero el tanga, subiéndose hasta rozarle. Luego el sujetador, encajado con mimo ante el espejo. Y luego los zapatos de tacón. Primero un pie, luego el otro, realzando su fina silueta.
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Se acercó.

- Las plantillas, otra vez. No me duran nada.

- Mejor, yo también tengo que comer, acerté a balbucear aunque no le hizo gracia mi comentario.

- ¿Para cuando estarán listas?

- Si se espera, en un cuarto de hora lo tengo listo.

Me acerqué al taller y mientras me sentaba, observé como se apoyaba en el mostrador. Le vi todas las tetas. Eran enormes. No me las acabaría en años. Estaban bien puestas gracias a un sujetador deportivo negro que conseguí ver.

Me quedé tan embobado mirándolas, que se dio cuenta. Aparté la vista rápidamente y recé para que no se hubiera dado cuenta. Error. Si me había visto.

Entonces, bordeó el mostrador y contoneando sus caderas se acercó a mí lentamente. Mi erección andaba ya por la quinta fase de excitación.

Al llegar dijo con voz sensual:

- Te gustan mis tetitas ehhh… te gustaría probarlas verdad. Primero un pezón, mmm besarlo, chuparlo luego el otro ahhh todo ella mientras me vas magreando.

- Perdón, no se de que me habla. Me puse nervioso.

- Calla y empieza.

En un momento se quitó la camiseta y abrió su sujetador para que mis ojos vieran la octava maravilla, el tercer milagro de Fátima, la manifestación de la bondad divina, ese par de tetas que pedía a gritos un lametón

No me lo pensé dos veces: Le arreé una chupada en la teta. Absorbí su pezón. Le lamía el contorno y le besaba el canalillo. Seguía erecto pero disfrutando.

Con la mano libre, le tocaba el otro seno ya que mi boca y mi lengua se ocupaban de saborear el otro.

Le gustaba. Lógico, sino no me lo hubiera pedido. Subí hacia l cuello lentamente…

- No. En la boca, no. Sólo cómeme las tetas.

Acaté sus órdenes como un buen vasallo y seguía chupándoselas. De pronto, me desabrochó el pantalón e introduciéndome su mano en mi calzoncillo empezó a pajearme. Una y otra vez. Arriba y abajo. Me corrí. Era tanto lo excitado que estaba que no pude contenerme.

Con su mano manchada de semen, se limpió en el pantalón y con aire de diva me dijo:

-Ya has disfrutado bastante. Mañana vendré a por los zapatos y continuamos la faena. Pero cariño, no te corras tan pronto.

Le tomo la palabra.

Dic 09 2009

Follada en la discoteca

 

Iba bastante borracho cuando apareció. Entro por la puerta y aquel perfume barato nos la empalmó a todos. Aquellos senos pedían la libertad condicional, y su boca, maldita sea, pedía a gritos una felación. Todos los borrachos (como yo) la rodearon. Serán imbéciles. No saben que para follar no basta con una media sonrisa y gomina, sino que además, lo que ellas quieren, es que el barman no las mire de forma sospechosa a la hora de pedir una copa. Así, que me acerqué a ella y le puse un billete de 50 euros entre el tanga y la minifalda y sutilmente le susurré al oído:

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— Si quieres más, acércate a la barra.

Apenas tardó, y sin mediar palabra conmigo, se acercó al camarero y le dijo que le sirviera un martín.

— Todavía no te lo has ganado, dije yo.

— Tu tampoco, chulo de mierda, me contestó.

Me eché a reír. Aquella zorra tenía carácter. Eso me gustaba. Me preguntaba si seguiría teniéndolo mientras me la chupase una y otra vez.

— La oferta caduca en 10 segundos, nena, así que o te vienes conmigo ahora o ya te puedes ir buscando la formula de pagar ese martini. Le solté con mi habitual prepotencia.

Ella se me acercó y me dijo: — Vamos a tu casa cariño, estaremos más tranquilos.

— Ni lo sueñes, tardaríamos más de 10 segundos.

A continuación, le pedí al barman las llaves del almacén, y nos dirigimos hacia el.

Debía ser buena en la cama porque nada mas llegar me abrió la bragueta y me la comenzó a succionar. Ah, aquella, furcia sabia lo que se hacia. No paraba de lamérmela. Mientras estaba agachada me miraba. Me miraba. Aquello me excitó más. Así que la agarré, la levanté y le di la vuelta. Su coño estaba húmedo y mi polla se resbalaba en él. Se la conseguí meter y el aullido de loba que salió de su boca retumbó tanto que casi me revienta la polla.

De espaldas, agarré aquellas tetas mientras me la follaba. No le veía la cara. Una pena, porque seguro que la muy puta estaba disfrutando. Seguía bombeando y al final me corrí. Fue una autentica corrida, de campeonato. Sus jaleos cesaron aunque su respiración entrecortada continuaba. Se fue al baño.

Yo me quedé allí. Viendo mi polla exhausta pero también orgullosa del trabajo que había tenido. Me puse los pantalones pero mi cartera no estaba, no me preocupé porque el barman a veces me la guardaba para que no bebiera más.

Salí. Al acercarme a la barra le pedí mi cartera.

¿La cartera? Yo no la tengo, lo único que se es que esa rubia ha pagado la cuenta.

Dic 09 2009

Cuando una polla conoce a Lucy

 

Se llama Billy Baressi. El bueno de Billy es detective privado en una gran ciudad, en una ciudad donde la única diferencia entre las putas y las modelos de pasarela es el bidé.
Le llaman “El tres pistolas”. No porque lleve tres armas sino porque solo lleva dos. El apodo se debe a que el tamaño de su polla es tan gigantesco que parece un fusil de repetición.

billy_baressiEl apodo se lo puso una fulana que conoció en el Clapton, un burdel de mala muerte donde Billy acude cuando le van mal dadas. Cuando no le importan los tiros y los gritos en el pasillo.

Una madrugada, me dijo: Chico, lo bueno del Clapton es que aprendes a ver la vida como lo que es: una mezcla de piel, mentiras y alcohol.

Billy Baressi solía follar con la misma puta. Una morena espectacular llamada Lucy, bastante golfa en la cama, que además tenía conversación. Billy era un tipo raro; necesitaba hablar antes de follar, hablar antes de que su tremendo rabo atravesara a una mujer.

Empezó a contármelo:

Lo que mas me gusta de Lucy es ver como menea su hermoso culo delante mío, justo antes de cuando la voy a penetrar. En ese momento me creo Dios.
Soy un romántico, y me gusta desnudarla a mi antojo. Primero le quito los zapatos y así puedo ver sus uñas pintadas de rojo puta.
Luego, la camisa. Botón a botón, voy descubriendo sus pechos, unas tetas grandes que hacía que mi polla viera el cielo.
Tras arrastrar la minifalda por sus piernas se queda en tanga. Y ahí paro.

Me gusta follármela apartando el tanga de su coño y de su culo. Me pone. Me la suelo follar a cuatro patas. Cuando empiezo, no puedo parar. Su coño me vuelve loco. Me gusta empujar, sacármela y volver a introducírsela con furia. Sé que le gusta. Luego cambio a su culo. Solo se la meto por el culo a ella. Mi polla no se puede permitir el gusto de dejarlo escapar. Tras esto, se mete mi polla en pleno estado de éxtasis en la boca. La tendrías que ver como la chupa. La lame, la saborea. No le cabe toda en la boca. Juguetea con ella, se da golpecitos con ella en los dientes. Y se la vuelve a meter en la boca. En ese momento, veo la luz. Comienza a chuparla con fuerza, la agita y ella empieza a gemir. Me la agarra con fuerza, me manosea los huevos. Sigue chupando hasta que me corro.
Me corro. Me corro. Me corro….

Me levanté, le di un cachete en el culo. Y la miré. Semejante cuerpo solo podía conocer mi pollón. Que rabos de tres al cuarto se la follaran me enfurecía.

-Lucy, recoge tus cosas, te vienes conmigo.